El alza del petróleo marca el pulso del conflicto en el Golfo

Panamá, 2 de marzo de 2026. El impacto más inmediato del conflicto en el Golfo Pérsico ya se refleja en los mercados energéticos, según señaló la consultora Drewry. El crudo Brent pasó de 73,15 dólares por barril el 27 de febrero a 79,11 dólares el 2 de marzo, tras los ataques de represalia en la región. La escalada evidencia que los mercados están incorporando rápidamente el riesgo geopolítico en los precios del combustible.

El análisis de Drewry sobre la situación actual en el Golfo Pérsico advierte que un bloqueo sostenido del flujo de crudo a través del Estrecho de Ormuz tendría profundas implicaciones para el suministro mundial y la seguridad energética. Por esta vía marítima circulan aproximadamente 15 millones de barriles diarios, lo que equivale a casi un tercio del comercio marítimo global de petróleo.

Las alternativas logísticas para evitar el estrecho son limitadas, explicó la consultora. Los principales productores de la OPEP en Oriente Medio —Arabia Saudí, Irán, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait e Irak— dependen en gran medida de esta ruta estratégica para sus exportaciones.

Si bien Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos e Irak cuentan con oleoductos terrestres alternativos, la capacidad disponible conjunta ronda apenas 4 millones de barriles diarios, muy por debajo de los volúmenes que habitualmente transitan por Ormuz. En consecuencia, el bloqueo actual ha comprometido más de 11 millones de barriles diarios, reduciendo significativamente la flexibilidad del sistema energético internacional.

En este escenario, el alza del combustible no solo refleja la tensión geopolítica, sino también la vulnerabilidad estructural del comercio marítimo de crudo ante interrupciones en puntos estratégicos clave.

El análisis subraya además que un aumento sostenido del precio del crudo elevaría directamente los precios del bunker fuel (combustible marino), dado que estos derivan de productos refinados vinculados al petróleo. Entre las posibles consecuencias se encuentran el encarecimiento del abastecimiento en los principales puertos, una menor producción de fuelóleo y gasóleo marino, y una presión alcista persistente sobre los precios del combustible.

Todo lo anterior incrementaría significativamente los costos operativos, los gastos de viaje y los costos logísticos del transporte marítimo.

 

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